Baños públicos en Monterrey: Una necesidad olvidada


Por Cecilia Cruz

Introducción

Nuestras ciudades, al igual que otros ámbitos de la vida, fueron diseñadas desde una perspectiva artificial patriarcal y binaria que prioriza las necesidades del rol de género masculino heterosexual, destinando el espacio público para actividades productivas remuneradas, entendidas como aquellas que generan ingresos. En contraste, las necesidades de las mujeres fueron relegadas al ámbito privado, vinculadas a roles de cuidado y reproducción, perpetuando desigualdades que aún afectan la forma en que habitamos las ciudades.

Como señala el Col·lectiu Punt 6 en su libro Urbanismo feminista: Por una transformación radical de los espacios de vida, la asignación del trabajo de los cuidados al ámbito femenino desvalorizó estas tareas y las confinó al espacio doméstico. Sin embargo, muchas de estas labores, como hacer las compras, cuidar a las y los niños o acompañar a personas mayores al médico, se realizan caminando y transportándose por la ciudad.

En este sentido, es importante subrayar que el cuidado está presente en las calles, el transporte y otros espacios públicos; es una labor evidente, pero invisibilizada ante una ciudad organizada bajo una lógica productiva y capitalista. 

Una infraestructura clave para facilitar las tareas de cuidado en el espacio público son los baños. Estos no solo nos brindan un espacio para atender nuestras necesidades fisiológicas e higiénicas, sino también para proporcionar cuidado a otras personas. Los baños, en este sentido, son esenciales para garantizar el bienestar de quienes habitan la ciudad, ofreciendo un espacio adecuado para funciones humanas básicas como expulsar, orinar, menstruar, vomitar o defecar. Tales necesidades requieren un lugar que permita su atención adecuada y accesible para todas las personas. 

Sin embargo, como señala Leslie Kern en Ciudad feminista: La lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres, uno de los principales problemas al pensar en los espacios públicos es el olvido de los baños como una pieza fundamental de estos entornos. Esto plantea una interrogante importante: ¿cómo podemos llevar a cabo actividades de cuidado si los baños públicos siguen siendo considerados un tema secundario en el diseño de la ciudad? 

El baño público como un derecho urbano: ¿por qué necesitamos baños públicos en las ciudades? 

Las Naciones Unidas (ONU), a través de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y dentro del Objetivo 6, reconoce el saneamiento como un derecho humano. En la ciudad, los baños públicos permiten que todas las personas puedan participar plenamente en la vida urbana: caminar, explorar y habitar los espacios sin la constante preocupación de encontrar un lugar adecuado para satisfacer sus necesidades básicas. La falta de baños adecuados no solo limita el acceso a los espacios públicos, sino que amplifica desigualdades, afectando más a las mujeres, a las personas con discapacidad y a otros grupos en situación de marginación.

El baño público puede entenderse como un espacio intermedio, un punto de transición entre lo público y lo privado. En este lugar, nos desprendemos parcialmente de nuestra ropa, enfrentamos nuestra propia intimidad y, al mismo tiempo, las normas que rigen los espacios compartidos. Es un lugar profundamente personal, donde las acciones más simples —lavarse las manos, acceder a papel higiénico, cerrar una puerta con seguridad— se convierten en recordatorios de nuestra vulnerabilidad y, a la vez, de nuestra resistencia en un mundo que con frecuencia desatiende nuestra humanidad. 

En las ciudades, los baños públicos no solo representan una infraestructura funcional, sino también un pilar de justicia urbana. Su ausencia perpetúa desigualdades, mientras que un diseño digno y accesible puede reflejar el compromiso de la sociedad con el bienestar colectivo. Por ello, garantizar baños públicos adecuados no es solo una cuestión de comodidad, sino de dignidad y equidad para todas las personas que habitan y transitan los espacios urbanos. 

Baños públicos en Monterrey: Donde la productividad condiciona el cuidado. 

Monterrey, conocida como ‘la ciudad industrial’, se enorgullece de su productividad. Sin embargo, esta identidad construida en torno al trabajo ha configurado una ciudad que prioriza las actividades laborales sobre otras dimensiones esenciales de la vida, como el ocio, el descanso y el cuidado. En una ciudad que exalta el trabajo como el valor máximo, las necesidades básicas que no generan beneficios económicos tienden a ser relegadas o invisibilizadas. Esto se refleja, por ejemplo, en la falta de infraestructura adecuada para satisfacer dichas necesidades, como espacios públicos de calidad, lugares de esparcimiento que no dependan del consumo o destinos pensados para las infancias. 

En Monterrey, donde el ritmo de vida es marcado por la eficiencia y la velocidad, incluso el acto de ir al baño está condicionado por la prisa. Las personas corren entre obligaciones, con poco tiempo para el descanso o la contemplación, y los espacios públicos parecen diseñados exclusivamente para el tránsito más que para estar. El ocio, el descanso y las necesidades humanas quedan subordinados a la productividad, lo que limita el derecho a disfrutar plenamente de la ciudad. 

Este énfasis en la productividad como motor de la ciudad ofrece a Monterrey una oportunidad de reflexionar sobre cómo rediseñar el espacio urbano para que no solo sirva para producir, sino también para vivir. La ciudad se enfrenta a una pregunta fundamental: ¿Realmente estamos trabajando para satisfacer nuestras necesidades y mejorar nuestra calidad de vida, o hemos convertido nuestras vidas en una búsqueda constante de productividad que limita nuestro bienestar?

Este modelo de vida basado en la eficiencia ha limitado nuestra capacidad de desconectar y cuidar de nosotras mismas. En este contexto, surge la necesidad de replantear la ciudad: ¿cómo podemos diseñar un entorno urbano que, además de generar productividad, valore igualmente el bienestar, el descanso y el cuidado de sus habitantes? Es en este rediseño donde los espacios públicos, como los baños, pueden jugar un papel crucial en la transformación de la ciudad hacia un lugar que fomente el cuidado y el bienestar.

¿Dónde están los baños públicos en Monterrey?  

La información sobre la infraestructura de baños públicos en la ciudad es limitada y no se encuentra fácilmente accesible en fuentes públicas. Tampoco se dispone de datos oficiales que indiquen la cantidad exacta de baños públicos en Monterrey.

Al investigar en el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (DENUE), encontré la localización de baños públicos en la Zona Metropolitana de Monterrey. Sin embargo, los datos disponibles presentan inconsistencias: algunos baños mapeados ya no existen, mientras que otros no coinciden con las tipologías o accesos reportados. Además, aunque algunos son gratuitos, otros requieren un pago, lo que acentúa las desigualdades en el acceso a estos servicios.

Ante esta problemática, decidí iniciar un mapeo preliminar basado en los levantamientos fotográficos realizados durante mis caminatas por el primer cuadro de la ciudad de Monterrey, un nodo altamente visible, delimitado y definido por su actividad económica. Según el Sistema de Información Urbano Metropolitano (SIUM) del Tecnológico de Monterrey, esta zona concentra edificios gubernamentales, empresariales y grandes avenidas diseñadas para optimizar la movilidad laboral, comercial y turística. 

Además, he complementado este mapeo con algunos baños localizados en el DENUE, en los que tipifico los distintos baños públicos presentes en la zona. Este ejercicio se inspira en el trabajo de Trama Urbana, liderado por Sheila Ferniza y Karen Hinojosa, con la intención de ampliar y complementar el mapeo que realizaron de los baños públicos en parte de la Zona Metropolitana de Monterrey.

Foto 1: Mapeo y tipificación de baños públicos en el área del municipio de Monterrey con mayor flujo de personas que entran y salen diariamente para trabajar. (Elaboración propia)

Para profundizar en el análisis, decidí realizar una comparativa entre dos baños públicos ubicados en los municipios con mayor actividad laboral y económica de Nuevo León: Monterrey, como la capital del estado y un centro clave de actividades industriales, comerciales y gubernamentales, y San Pedro Garza García, reconocido como el municipio más rico de Latinoamérica, con una estructura urbana diseñada para atender a una población de alto poder adquisitivo y una gran concentración de empresas. Esta comparación busca comprender cómo las diferencias económicas y sociales afectan el acceso y las condiciones de infraestructuras destinadas al cuidado, como los baños públicos. 

Contrastes urbanos: Análisis de los Baños Públicos en el Parque Mississippi y en la Alameda Mariano Escobedo. 

La elección de los baños del Parque Mississippi y la Alameda Mariano Escobedo responde a las diferencias en su gestión. El baño en el Parque Mississippi se encuentra en un espacio gestionado por San Pedro Parques, un organismo público descentralizado del municipio de San Pedro Garza García. Por otro lado, el baño de la Alameda Mariano Escobedo está concesionado a una empresa privada. Esta comparación permite analizar cómo los distintos modelos de gestión, pública y privada, pueden influir en la experiencia de las usuarias en los baños públicos.  

Realicé una encuesta a 10 mujeres en los baños del Parque Mississippi y a 10 mujeres en los baños de la Alameda Mariano Escobedo. Además, entrevisté a las personas encargadas de la administración y limpieza en ambos lugares. La encuesta estaba dividida en 10 categorías: seguridad, privacidad, limpieza, accesibilidad, insumos, comodidad, pertenencia, autonomía, condiciones sensoriales y condiciones emocionales.

Además, desde la observación, analicé tanto las condiciones de la infraestructura como los aspectos relacionados con la gestión, con el apoyo de las personas encargadas de la administración y limpieza de los baños. 

Contexto  

El Parque Mississippi es un espacio recreativo que cuenta con áreas verdes ideales para actividades al aire libre, juegos infantiles y espacios para caminar o relajarse. Se encuentra dentro de una zona céntrica del municipio conocida como Distrito Centro Valle. Aunque cualquier persona puede acceder al parque, el entorno residencial de lujo y el perfil de alto nivel socioeconómico de la comunidad circundante pueden hacer que se perciba como menos accesible o representativo de la diversidad social de la ciudad. El módulo de baños se encuentra estratégicamente ubicado junto a un edificio que ofrece múltiples actividades recreativas y próximo a una zona de juegos infantiles. 

La Alameda Mariano Escobedo, ubicada en el centro de Monterrey, es un espacio clave dentro del entorno urbano. Siendo un nodo fundamental de movilidad, esto hace que el parque y sus instalaciones sean de alta relevancia para la ciudad, especialmente para quienes transitan a pie y en transporte público por la zona. El módulo de baños, cuenta con dos instalaciones: una disponible todos los días y otra solo los fines de semana.

  1. Costo y Horario

El baño del Parque Mississippi es gratuito y opera de 7:00 a.m. a 9:00 p.m. Su operación está mayoritariamente supervisada por mujeres, quienes no solo están encargadas de los baños, sino también de la limpieza general del parque. Mientras que en la Alameda opera bajo la administración de dos mujeres más una supervisora en un horario similar de 7:00 am a 8:30 pm, el costo es de $7 por uso, con servicios adicionales como la venta de toallas sanitarias, cigarros y el servicio de guardamaletas. Este costo puede ser una barrera para algunas personas, especialmente en una zona de alta afluencia. 

  1. Seguridad y privacidad

En los baños del parque Mississippi, las usuarias destacan una sensación general de seguridad y privacidad, especialmente aquellas que acudían con infancias.

En la Alameda Mariano Escobedo, la percepción fue mayoritariamente favorable; sin embargo, algunas usuarias expresaron inquietud respecto a ciertos aspectos de la infraestructura. Entre sus preocupaciones, mencionaron la presencia de un módulo de baño con una bolsa de plástico como puerta, lo que generaba inseguridad, así como la existencia de aberturas considerables en las mamparas que podían comprometer su privacidad mientras utilizaban el baño. Además, una usuaria manifestó sentirse intranquila en estos espacios, pues debía mantener una vigilancia constante y estar siempre cerca de su hija para protegerla.

  1. Limpieza 

El baño del Parque Mississippi se destaca por su limpieza constante, gracias a la supervisión diaria del personal encargado. Dos de las trabajadoras comentaron sentirse cómodas en un espacio agradable para laborar, aunque expresaron su preocupación por la posible desaparición del programa que gestiona el parque. 

En contraste, los baños de la Alameda Mariano Escobedo presentan una limpieza moderada. Sin embargo, en los dos módulos de baños que se encuentran no existe un equilibrio en la limpieza, siendo más limpios que los otros. 

  1. Accesibilidad e inclusión

Lila, una usuaria con movilidad reducida del parque Mississippi, notó que el piso del cubículo estaba mojado y la altura de la taza resultaba incómoda, aunque valoró las barras de apoyo y la disponibilidad de papel, lo que le brindó cierta seguridad al usar el baño sola, con su acompañante esperando afuera. No obstante, consideró que la puerta era demasiado pesada y propuso la instalación de puertas corredizas con sensores de proximidad para mejorar la accesibilidad.

En la Alameda, el acceso al módulo de baños cuenta con una rampa de inclinación cómoda. Sin embargo, el cubículo destinado a personas con discapacidad presenta condiciones deficientes, con obstáculos en su trayecto y una ubicación que podría coincidir con las largas filas que se forman para ingresar a otros cubículos, dificultando aún más su uso.

En ambos baños no había ningún icono que indicará la accesibilidad para personas con movilidad reducida.  

  1. Insumos 

En el Parque Mississippi, uno de los principales retos es el manejo de usuarios que manipulan los insumos del baño de forma inadecuada, lo que complica la labor del personal encargado. Por otro lado, en la Alameda, destaca como problema significativo la distribución desigual del papel higiénico, siendo limitado para las mujeres y casi inexistente para los hombres, lo que evidencia una gestión desigual de los recursos. La escasez de papel higiénico fue un tema recurrente entre las quejas de las usuarias. 

  1. Pertenencia  

El diseño comunal de los lavabos en el Parque Mississippi fomenta la interacción social, ejemplificada por el uso del espejo para tomarse fotos en grupo. Además, el baño se integra de manera orgánica con las actividades y los espacios de juego circundantes, creando un entorno que favorece la convivencia y el sentido de comunidad.

De manera similar, en la Alameda, las personas aprovechan los espacios improvisados o el limitado mobiliario alrededor del baño para conversar, leer el periódico, descansar o, en el caso de las infancias, convertir los muros inclinados en resbaladillas. Además, la presencia de vendedores ambulantes contribuye a la dinámica social y al uso multifuncional del entorno.

  1. Condiciones sensoriales y emocionales 

En el Parque Mississippi, las usuarias en su mayoría expresaron haber experimentado emociones positivas como tranquilidad, confort y felicidad durante su estancia.

En contraste, en la Alameda, un comentario recurrente entre las usuarias fue la sensación de liberación que experimentaron tras usar el baño; no obstante, una usuaria manifestó preocupación y  angustia al usar el baño en compañía de su hija. Además, otras usuarias manifestaron incomodidad por la alta afluencia de personas, lo que ocasiona largas filas, especialmente en el baño de mujeres, mientras que la prisa con la que algunas personas entraban y salían del módulo generaba un ambiente poco relajado. 

  1. Estado Físico 

En el Parque Mississippi, se observó una excelente calidad en el estado de los cubículos como del mobiliario fijo. En la Alameda, se observó desgaste en los lavabos y cubículos, con algunos fuera de servicio, y problemas ocasionales en el suministro de agua. Las puertas improvisadas con bolsas negras en los baños de mujeres comprometieron la privacidad y seguridad, mientras que las largas filas y el espacio reducido generaron incomodidad. Además, en algunos cubículos faltaban accesorios para colgar pertenencias, lo que generó inconvenientes.  

  1. Gestión 

En el Parque Mississippi, las actividades del personal se registran en una bitácora y son monitoreadas por supervisores de calidad, además de realizarse encuestas de satisfacción para mejorar los servicios. En contraste, en la Alameda, la administración no puede comentar sobre los baños de manera autónoma y debe esperar a la inspectora para proporcionar información. En ambos baños, el personal de limpieza y administrativo está compuesto mayoritariamente por mujeres, lo que sigue alimentando y reforzando estos roles de género.  

Conclusiones del análisis

Los baños del Parque Mississippi y la Alameda Mariano Escobedo reflejan las necesidades y realidades específicas de sus contextos urbanos y sociales. El Parque Mississippi se destaca por su limpieza y seguridad, aunque enfrenta retos en la comodidad y accesibilidad para personas con movilidad reducida. Por su parte, la Alameda, a pesar de fomentar la interacción social, presenta problemas en la distribución de recursos y la privacidad. Ambos espacios evidencian la importancia de diseñar baños públicos que aseguren condiciones adecuadas de higiene, privacidad y seguridad, así como la necesidad de mejorar su accesibilidad, gestión e inclusión de aspectos como la menstruación y la diversidad de género.  

Más allá de la infraestructura, la percepción de seguridad en estos espacios varía según el contexto. En el Parque Mississippi, aunque las usuarias destacan una sensación general de privacidad, la puerta del baño permanece abierta constantemente, exponiendo el movimiento de las personas desde el exterior y comprometiendo su intimidad.

Por otro lado, en la Alameda Mariano Escobedo, la seguridad es un aspecto clave a considerar. En la encuesta realizada, la mayoría de las usuarias calificaron positivamente su experiencia en este aspecto; sin embargo, mi propia vivencia durante el levantamiento de datos contrastó con estos resultados. En los alrededores del módulo de baños, fui interceptada por un hombre en alto estado de ebriedad, quien invadió mi espacio personal y me hizo preguntas invasivas sobre mi persona.

Este encuentro me llevó a reflexionar sobre la autonomía y seguridad en el espacio público, en particular dentro de los baños públicos. ¿Hasta qué punto podemos considerarlos espacios seguros cuando factores externos siguen condicionando nuestra experiencia?

Reflexiones finales

Los baños públicos, más allá de cumplir una función básica de higiene, son espacios que reflejan las dinámicas sociales, económicas y culturales de las comunidades que los habilitan y utilizan. En estos espacios se desdibujan los límites entre lo funcional y lo social, transformándose en lugares de encuentro, descanso, juego e incluso de protesta. Se convierten en comedores, áreas de juegos para infancias, lugares de espera, espacios de intimidad y también de trabajo, reflejando una multiplicidad de roles en la vida diaria. 

Las políticas públicas deben garantizar que estos espacios sean justos, accesibles y seguros para todas las personas, sin distinción de género. La participación activa de la población en el diseño y mantenimiento de estos lugares es esencial para crear una ciudad que no solo sea funcional, sino también inclusiva, equitativa y capaz de garantizar la dignidad de todas y todos sus habitantes.

Transformar los baños públicos no es solo una cuestión de infraestructura, sino un acto de justicia social y un paso hacia la construcción de una ciudad que respete los derechos humanos y promueva la autonomía y el bienestar de todas las personas. 

Bibliografía  

Kern, L. (2021). Ciudad feminista: La lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres (A. Medina, Trad.). Levanta Fuego. 

Col·lectiu Punt 6. (2019). Urbanismo feminista: Por una transformación radical de los espacios de vida. Virus Editorial. 

Trama Urbana (2024). Baños públicos [Mapa en línea]. Recuperado de https://www.google.com/maps/d/u/3/edit?mid=1u2Ha0vBArd1xF9dUUeJqX1PiKTv9TS4&usp=sharing   

UNICEF, WaterAid y WSUP (2018). Female-friendly public and community toilets: a guide for planners and decision makers [Baños públicos y comunitarios adaptados a las mujeres: guía para los planificadores y los tomadores de decisiones]. WaterAid: Londres, RU. Disponible en: https://washmatters.wateraid.org/female-friendly-toilets 

Moran, M. (2024, enero, 26). Agua y saneamiento – Desarrollo Sostenible. Desarrollo Sostenible. Recuperado de:  https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/water-and-sanitation/  

 Agradecimientos  

Gracias a Sheila Ferniza, Zaida Muxi y Alessandra Cireddu por su apoyo y mentoría en este ensayo. También a todas las personas que compartieron su perspectiva sobre un tema tan importante como los baños públicos en la ciudad.  

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