Por Alma Luisa Rodríguez Leal Isla
Hablo desde el habitar esta frontera del norte de México y sur de Estados Unidos y de que la habitaran mis ancestralidades desde antes de que pusieran ahí esa división política y solamente dividía ese espacio la fuerza del Río Grande. Cuando mi bisabuela vivía entre Parás, Nuevo León y Guerrero, Tamaulipas ahí todavía no había tal cual una aduana y cuenta que cruzaban “así nada más”. La división principal era la moneda que ella llamaba oro para los dólares y plata para los pesos y preguntaba si era en oro o en plata el precio de algo.
Nací y en parte crecí en Monterrey, donde la sensación de habitar frontera se diluye porque se diría en términos de economía espacial que ejerce un importante efecto gravitacional por el tamaño de su economía. Pero también crecí en Piedras Negras (de mi corazón) en el que la identidad de la ciudad está muy ligada a su ser fronteriza, una pequeña zona metropolitana transnacional y, claro, también a ser un núcleo de la región carbonífera que lleva orgullosa en el nombre. Supongo que entre esa ancestralidad y ese habitar aprendí a hablar pocho, como un idioma mío, familiar, que como dice Gloría Anzaldúa en Borderlands1 quizá nunca sea cómodo pero se siente casa. Así aprendí palabras tan bonitas como wáchate, parkéate o triki-triki (que apenas el fin de semana pasado fue proclamado por las calles). Otras están en franco desuso, como el legendario pacón con el que mi bisa llamaba a las palomitas.
Apenas hace días estaba pensando después de mandar un voice note más o menos así: “No traigo la pizza congelada, pero como sea prende el air fryer, con la temperatura y tiempo que diga en la bolsa del not fish, nada más plis saca primero el tray”. Pensé dos cosas 1) Ah sí siempre usamos masculino en español para decir palabras en inglés y 2) Yo podría decir a diferencia de Gloria de Modern Family “you don’t know how smart I am in pocho”.
Casi siempre que hablo español o inglés me estoy traduciendo un poquito, porque aunque en Monterrey no está tan mal visto como en CDMX mezclar idiomas, está bien visto hacerlo como lo hacen quienes fueron a colegios bilingües, con ese acento y esa cadencia, no con la de quienes hablan en pocho realmente.
Y uso esa transición para hablar de las fronteras de raza y clase. Más sutiles que las divisiones políticas y quizá incluso que las de lenguaje, aunque desde luego, el lenguaje las acompaña. Cybelle Fox y Thomas Guglielmo hablan en Defining America’s Racial Boundaries: Blacks, Mexicans, and European Immigrants, 1890–19452 de cómo algunas fronteras son más borrosas y otras más brillantes y cómo un marcador muy notorio es el color de piel. Las personas de Irlanda o Italia no eran antes consideradas como blancas en Estados Unidos, eran la clase inferior, pero cuando terminó la esclavitud y la segregación racial pudieron ser consideradas ya comoblancas, pasaron esa frontera más sutil, menos brillante. Analizan entonces qué permite cruzararlas y cómo: el lenguaje, formas concretas de hablar, como que se sabe que Obama no habla como podríamos asociar a lo negro, y las formas de vestir y conducirse más asociadas a la clase alta (y blanca) y cómo eso no hace la frontera menos definida para otras personas de tonalidades de piel más oscura, sino que solamente permite que algunas muy concretas la atraviesen y cómo eso es distinto para las personas latinas, sobre todo con tonalidades de piel más clara y cómo las podrían ir haciendo más borrosas o sutiles para las personas latinas en los próximos años.
En ese sentido Jean Eddy Saint-Paul explicaba cómo era más difícil que aceptaran la migración de personas de Haití, su país natal, que la de otras zonas de Latinoamérica en los años recientes.3
¿Qué fronteras quisiéramos ir diluyendo? ¿Para quiénes y cómo?
En México quienes pertenecen a pueblos originarios enfrentan dificultades para acceder a las mismas oportunidades que las demás personas y en aras de poder estar en mejor situación, muchas van borrando su lengua, como pueden leer en el caso del pueblo Chatino del que escribe Emiliana Cruz, quien fue a hablar a una escuela para celebrar las lenguas maternas y las niñas y niños delataron que les tenían prohibido hablar su lengua en la escuela, incluso entre sí.4
Cada lengua es como un cosmos, los lenguajes tienen sistemas metafóricos conceptuales en los que se entienden unas cosas en términos de otras cosas y tienen consecuencias no solamente retóricas. El famoso time is money, el tiempo es dinero, tiene consecuencias muy tangibles en cómo tratamos al tiempo en la sociedad no solo en que hablemos de desperdiciar el tiempo, como si fuera dinero, cuando no lo usamos de forma productiva. En otras lenguas se habla del tiempo y de muchas otras cosas en otros términos, como un río, como un flujo, que no puedes ni aprovechar ni desaprovechar, estás en el ciclo.
Si dejas que muera una lengua se mueren formas de entender el mundo que pueden ser la clave para que no nos muramos todas y todos en este sistema depredador.
Jean-Bosco Kakozi junto con Lucía de Luna5 hablaban de cómo nos pueden rescatar a estas sociedades heridas por la colonización el Altsil de la filosofía maya tojolabal y el Ubuntu de la filosofía Bantú. Con el Altsil podemos comprender que todo lo que existe tiene corazón: los árboles, el agua, animales y demás y es eso lo que permite que entremos en diálogo. El Ubuntu nos permite saber que no somos independientes sino interdependientes y nuestra humanidad está inextricablemente unida a la humanidad de las demás personas. Si perdemos esa noción fuimos deshumanizadas y hay que buscar recuperar la humanidad de quien la ha perdido.
Estas claves pueden llevarnos a un mejor lugar, pero necesitamos dejar de trazar fronteras de acceso a oportunidades, dejar de promover que mueran formas de ver el mundo, abrazar la diversidad, aprender unas de otras y estar dispuestas a pensarnos otros mundos.
Para continuar la reflexión
Sobre fronteras en la ciudad:
“De la calzada para allá” desigualdad, segregación y estigmatización en el área metropolitana de Guadalajara, México de Máximo Ernesto Jaramillo Molina
Sobre cómo habitar esas fronteras de clase hacen a las personas más sensibles a la desigualdad y las hacen menos proclives a creer que las causas son individuales:
Yo (no) merezco abundancia : percepciones y legitimidad de política social, pobreza y desigualdad en la Ciudad de México de Máximo Ernesto Jaramillo Molina
Literatura de habitar la frontera:
“Aparta de mí este cáliz” de Luis Humberto Crosthwaite
“Instrucciones para cruzar la frontera» de Luis Humberto Crosthwaite
Las fronteras del lenguaje y el sistema metafórico conceptual que implica que no nada más usamos metáforas en sentido retórico sino que son estructuras mentales de cómo entendemos unas cosas en términos de otras:
Metaphors we live by de George Lakoff y Mark Johnson originalmente publicado en 1980 por University of Chicago Press
El pasado en el presente porque yo soy la continuación de mi ancestralidad en los pueblos del pacífico en Un entramado de islas. Persona, medio ambiente y cambio climático en el Pacífico Occidental de Carlos Mondragón publicado en 2014 por El Colegio de México, Centro de Estudios de Asia y África.
Capítulo 5. MANPLES: PERSONA-LUGAR. APROXIMACIÓN A LA IDENTIDAD GEOGRÁFICA
Notas
- Borderlands / La frontera. La nueva mestiza de Gloria Anzaldúa originalmente publicado en 1987. ↩︎
- Defining America’s Racial Boundaries: Blacks, Mexicans, and European Immigrants, 1890–1945 por Cybelle Fox y Thomas A. Guglielmo publicado en el American Journal of Sociology, Vol. 118, No. 2 (Septiembre 2012), pp. 327-379 publicado por The University of Chicago Press ↩︎
- Humanitarian and Political Crisis in Haiti: A Roadmap for the Future. Seminario de Elliott School of International Affairs ↩︎
- Linguistic Diversity in Mexico: The Gaps of “Multicultural” Celebration por Emiliana Cruz (2019)
↩︎ - La noción de ‘fuerza vital’ en la filosofía africana bantú y la de ‘´altsil’ en la filosofía maya tojolabal, como bases de dos cosmovisiones humanistas de comunidad incluyente por Lucía De Luna Ramírez y Jean-Bosco Kakozi Kashindi en José Fernando García Zamudio & Judith Esther Carro Bautista (Coords.), Humanismo, sociedad y cultura. Perspectivas contemporáneas, Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala, 2014, pp.163-183 ↩︎



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