Te damos la bienvenida a este espacio de Apuntes para pensar la ciudad, un proyecto editorial de Trama Urbana que reúne textos escritos por mujeres para reflexionar sobre cómo habitamos, construimos, recorremos, pensamos y vivimos la ciudad.
Caminar y escribir, dos actos radicales
Por Sheila Ferniza Quiroz
Arquitecta urbanista, cofundadora de Trama Urbana
“Apuntes para pensar la ciudad” surge con la intención de abrir un espacio desde Trama Urbana en donde las mujeres puedan publicar y compartir ideas y opiniones. Creo en el ejercicio de escribir como herramienta de reflexión y como mecanismo de conexión. Y si bien las mujeres hacemos muchas cosas, no necesariamente somos quienes más dedicamos tiempo a darle difusión a nuestras ideas. Busco que este espacio se convierta en un lugar para leer y escuchar algunas de las voces que están accionando desde el norte del país, desde diferentes disciplinas, de diferentes profesiones, que se dedican a diferentes cosas, y les mueven pasiones diversas.
Como en el resto de aspectos de la vida, la brecha de género está presente en la escritura y en particular en las publicaciones. Los hombres son más publicados que las mujeres. Hace algunos años traté de cerrar un poco la brecha de autoría en mi biblioteca personal y tuve algunos años de solo comprar libros escritos por mujeres. Eso me llevó a ampliar mi perspectiva de los temas que estudio y practico y también a descubrir unas joyas literarias de las que me convertí en embajadora personal.
La opinión, la mirada sobre el mundo, también es diferente dependiendo de a quién leamos y escuchemos. El conocimiento es situado, lo que muchas veces se presenta como neutral, suele ser la perspectiva de un hombre, que también tiene unas experiencias sesgadas y situadas de sus vivencias personales habitando el mundo como hombre. Con este proyecto quiero traer a la mesa y a la conversación otras voces y miradas, en particular las de las mujeres que caminan, diseñan, educan, maternan, pedalean, investigan, conservan, planean y habitan la ciudad.
Recorrer la ciudad para mí siempre ha sido un acto natural que se volvió incluso necesario. Es moviéndome por el espacio público en donde surgen mis mejores ideas y se me reactivan las ganas de seguir luchando por ciudades en donde podamos vivir bonito. Desafortunadamente es también el espacio público el escenario de grandes injusticias. Es difícil concebir un paseo tranquilo y pacífico si llevamos la carga mental o la preocupación de ser mujeres recorriendo las calles. ¿Cómo ir con soltura y despreocupación observando lo que sucede en el espacio público? ¿Cómo podemos permitirnos perdernos en una caminata sin destino si vamos cuidándonos a cada paso?
Leyendo el libro de La revolución de las flâneuses de Anna María Iglesia, la autora abordaba el concepto del flâneur, esa persona que se pierde caminando en la ciudad, y ahondaba en el concepto que va más allá del mero caminar y que integra también todo lo que esa persona observadora produce y representa. Cómo el caminar por la ciudad se vuelve una oportunidad de observación, de reflexión y también de teorización sobre lo que sucede ahí en el espacio público, en los recorridos. Cómo tenemos derecho a no ser vistas, derecho a no consumir ni ser consumida y las barreras para garantizar esos derechos.
No pude evitar pensar en algunas ocasiones cuando al hablar de temas de violencia de género y acoso sexual, he dicho que me considero una mujer privilegiada en ese sentido, si bien sí he vivido algunas violencias en mis recorridos, me parece que no han sido de gran impacto en mi ocupación del espacio público, sin embargo al leer y reflexionar sobre este tema identifico una barrera más sutil pero que está presente y obstruye la posibilidad de recorrer la ciudad de una manera más desenfadada.
La premeditación que nos exigen las condiciones actuales de la movilidad y el espacio público, planeación, cuidado, autoprotección, nos impide poder ocuparlo libremente y con ello provocar las reflexiones que suelen tener los pensadores y teóricos y sociólogos y etnógrafos que han observado la condición humana, la vida social y el espacio público en la historia.
Además de caminar, escribir para mí siempre ha sido una forma de ordenar las ideas y siempre he pensado que debería hacerlo más. A lo largo de los años, los espacios estructurados de escritura me han ayudado a escribir más. Invitaciones a escribir, espacios de columnas de opinión, talleres de escritura, proyectos colectivos editoriales. Ubico 2 grandes espacios que encendieron mis ganas de escribir. El primero fueron los talleres de escritura de textos de opinión de Ximena Peredo sobre el derecho a la ciudad y sobre movilidad. El rigor de escribir un texto por semana, lo lindo de tallerear textos en grupo, aprender y entender el formato de la columna de opinión, definir a quién le escribimos, cómo articular lo que tienes que decir para llegar a la audiencia que buscas.
El segundo espacio fue Espina Rosa, una iniciativa en Monterrey de un grupo de mujeres vinculadas a las letras desde el ámbito profesional. Lo que buscaba el proyecto era generar reflexiones pensantes y a veces críticas de temas diversos. Que no fuera el tema la excusa para que el texto fuera pensante ni el escribir textos pensados una barrera para escribir de cualquier cosa. Buscaban generar contenido desde el norte en un espectro amplio de temas y ámbitos políticos, culturales y personales. Había crónica, opinión, cobertura de eventos mediáticos. Me gustó mucho participar en ese espacio porque me permitió escribir de cosas que me interesaban pero no estaban relacionadas con mi profesión, permitirme explorar otros ámbitos o incluso abordar cuestiones profesionales desde un lugar más personal.
Desde estas reflexiones surge este espacio, buscando que se convierta en la oportunidad y la excusa para escribir y leer a más mujeres. En particular a 11 mujeres invitadas para esta primera edición del Proyecto Editorial. El objetivo es que nos compartan sus ideas, preocupaciones, más profundas reflexiones, propuestas, diatribas o disparates.Y sumar sus miradas críticas a esta conversación. El formato es flexible en cuanto al género y la forma de escribir: textos de opinión, crónica, bitácora, divulgación científica, ensayo, relato, poesía, todos son bienvenidos y es a elección de la escritora, la única petición es que el texto dialogue con lo urbano y aporte a pensar la ciudad desde su perspectiva. La intención es que nos cuenten de un tema que les apasione, que sea de su interés, un tema que quizá no hayan tenido tiempo de explorar.
En un mundo como en el que vivimos hoy, y en unas dinámicas de comunicación muy efímeras, de la inmediatez, el contenido de la AI y el infinite scrolling, poder también reflexionar textos un poco más largos y que estén presentes un poco más de tiempo.
La publicación será mensual y en formato dual de texto y audio, para no solo disfrutar de la escritura sino también de lo bonito que es poder escuchar los textos en voz de quienes los escriben.
Les doy la bienvenida a este espacio que es un poco más introductorio pero también para compartirles un poco sobre lo que el acto de escribir significa para mí.


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