Lo primero es la salud – Apuntes para pensar la ciudad

Lo primero es la salud

Por Alma Luisa Rodríguez Leal Isla
Doctora en Ciencias Sociales dedicada al estudio desigualdades sociales y espaciales y su relación con políticas (o intervenciones) sociales y urbanas para generar alternativas que produzcan cambios sistémicos.

La humanidad lleva algún tiempo obsesionada con medir. Medir se asocia al gobierno de poblaciones y al gobierno pastoral: ese que define lo que es bueno para la ciudadanía y busca orientarla allí con incentivos y castigos (Desrosières, 2004; Foucault, 1991).

En este afán por medir y gobernar, en México se han definido umbrales que categorizan a la población como pobre, es decir multidimensionalmente pobre, (24.2%), vulnerable, es decir, pobre sin múltiples dimensiones de pobreza (38%), o no pobre y no vulnerable (32.5%), que es aproximadamente un tercio de la población del país (INEGI, 2024).

Entre las multidimensionalidades medidas está la carencia por calidad y servicios de la vivienda. Se define a partir de los materiales de construcción, sin que importen mucho adecuaciones culturales y al clima: los muros no deben ser de embarro o bajareque; de carrizo, bambú o de palma; de lámina de cartón, metálica o asbesto o de material de desecho. El piso no debe ser de tierra. El techo no debe ser de lámina, cartón o desechos. No debe haber más de 2.5 personas por cuarto, que no dormitorio, sino cualquier cuarto que haya en la vivienda (no importan para nada las dimensiones, si es de 20 metros cuadrados o de 3 es lo de menos). Debe tener electricidad, debe estar conectado el drenaje o desagüe a la red pública; el combustible para cocinar no debe ser leña o carbón. Ya no se revisa siquiera la disponibilidad de agua potable, como antes se hacía (INEGI, 2024; Coneval, 2019). Si se cumple con todo eso, no hay carencia. Está todo bien.

Pero no está.

Primero, las dimensiones. Si la vivienda tiene dos cuartos, la cocina, un cuarto o espacio de comedor y otro cuarto para dormir y viven ahí cuatro personas, no hay hacinamiento. No hay problema en la calidad y espacios de la vivienda. Bien podrían comer parados, o tener camas convertibles.  En cuanto a los servicios, eso de tener agua potable en la vivienda es puro lujo.

Segundo. Está bien, no hay carencia por la calidad y espacios de la vivienda, pero qué hay de dónde está ubicada esa vivienda. Este, además de los espacios, debería ser un asunto de salud pública. ¿Cuánto tengo que caminar para llegar a un parque? La NOM-001-SEDATU-2021dice que debería tener uno a 400 o 500 metros y yo sé de mujeres en CMDX que tienen que ir 40 minutos en transporte público con sus hijas e hijos para que puedan llegar a uno. En la consulta a niñas, niños y adolescentes en Nuevo León, era uno de los anhelos más recurrentes: un parque cerca con juegos (Secretaría de Participación Ciudadana Nuevo León, 2022). En México tenemos el primer lugar en obesidad infantil y entre otras razones, tenemos que considerar que puedan correr y jugar en algún lado seguro para que puedan tener actividad física.

Bueno, ok, no hay parques cerca de muchas de las viviendas, pero aquí siempre habíamos jugado en las calles ¿Se puede hacer eso ahora en nuestras ciudades? Tenemos unos récords terribles de violencia vial. La cantidad de personas atropelladas, a pie o en bicicleta, no sugieren que ocupar el espacio público más amplio (sí, le destinamos la mayor proporción de lo público al espacio vial) pueda servir para otros usos. Parece más un riesgo para la salud que una oportunidad para transitar de forma activa y saludable.

La actividad física está limitada, pero se podría comer mejor, ¿no? ¿Cuál es el entorno alimentario de las viviendas? ¿Se puede acceder a alimentos frescos en las proximidades a donde se habita? ¿Las personas podrían cocinar alimentos saludables, culturalmente adecuados? En muchos casos la respuesta es no. Paloma Villagómez (2016) ha demostrado cómo las mujeres en asentamientos populares, en quienes usualmente recae la carga de alimentar a las familias, saben qué sería deseable y saludable ofrecerles y se comen la culpa de no prepararlo por las condiciones de disponibilidad de tiempo, dinero y alimentos próximos.

Quienes viven en la mayoría de estas viviendas que cumplen con todos los requisitos de calidad y servicios, ¿pueden llegar caminando o en bicicleta al trabajo, a la escuela, a comprar víveres? Quizá algunas puedan hacerlo a la escuela primaria o secundaria. Para todo lo demás, ¿cuánto tiempo hay que pasar en modos de transporte incómodos por saturados, por tardados, por ineficientes? Después hay que sumar ese tiempo a las reformadas jornadas laborales legales de 48-60 horas semanales (Jaramillo-Molina, 2026).

Las nuevas políticas de vivienda formal, después de generar crisis de viviendas abandonadas, van a exigir características de entorno urbano para que puedan financiarlas (proximidad de educación primaria, secundaria, centro de salud, abasto, espacios recreativos, condiciones de  movilidad (Infonavit, 2023), ¿pero lo que ya está, qué?

El centro para el futuro de las ciudades ha analizado la expansión urbana de muchas zonas metropolitanas y la constante a partir de la década de los noventa fue la expansión periférica de las ciudades con fines habitacionales y la concentración de equipamientos urbanos, empleo y servicios en las zonas centrales (ciudad finita y otras plataformas).

Este ordenamiento del espacio, quede claro, no es asunto azaroso en el que los gobiernos no tengan responsabilidad. Incluso en los casos de autoproducción de viviendas y urbanización, esto se hace con la anuencia del estado. No es que no vea, es que se hace de la vista gorda. Peor aún peor cuando ha sucedido con permisos y licencias aprobadas.

¿Cuál es la respuesta de las autoridades ante la problemática que se sale de las manos? ¿Cómo decimos que estamos haciendo algo, qué nos preocupa la salud de la población?

¿Cómo ven un impuesto especial a las bebidas azucaradas?

El problema debe ser que toman mucho refresco.

Fuentes consultadas

Desrosières, A. (2004). La política de los grandes números (M. Silva, Trad.). Editorial Melusina.

Foucault, M. (1991). Governmentality. En The Foucault effect. Studies in governmentality (pp. 87–104). The University of Chicago Press.

INEGI. (2024). Pobreza Multidimensional (PM). https://www.inegi.org.mx/desarrollosocial/pm/#documentacion

Infonavit. (2023). Zonas de consolidación urbana. https://portalmx.infonavit.org.mx/wps/wcm/connect/95c5e666-af52-485b-b6c6-0913f8ff8945/ZONAS+DE+CONSOLIDACI%C3%93N+-+VISOR+GEOGR%C3%81FICO+%282%29.pdf?MOD=AJPERES&CVID=oKGM3cA

Jaramillo-Molina, M. (2026, febrero 8). El retroceso en la “reforma por las 40 horas”. El Universal. https://www.eluniversal.com.mx/opinion/maximo-jaramillo/el-retroceso-en-la-reforma-por-las-40-horas/

Secretaría de Participación Ciudadana Nuevo León. (2022). Nuestro nuevo Nuevo LeónUna mirada con perspectiva de derechos de niñas, niños y adolescentes de Nuevo León. Resultados de la Consulta Digital y Foro de Participación Infantil y Adolescente 2022 | Gobierno del Estado de Nuevo León. https://www.nl.gob.mx/es/publicaciones/resultados-de-la-consulta-digital-y-foro-de-participacion-infantil-y-adolescente-2022

Villagómez, P. (2016). Entre lo que se debe y lo que se puede: Percepción y satisfacción de necesidades alimentarias en Ciudad de México. Acta Sociológica, 70, 99–128. https://doi.org/10.1016/j.acso.2017.01.005


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